(Escribo esto mientras Agus se mueve de arriba a abajo, salta y me aprieta las costillas. Le pongo la mano encima y es como si tuviera hipo... Cuatro meses es muy pronto para sentir todo esto, pero no será un bebé normal, de eso estoy segura.)
Tengo pena y la noticia del embarazo de mi prima Letizia por estos lados, nuevo tema del que todos hablan sin parar, no ayuda mucho a la situación. Para los que aún no se enteran, desde que el año pasado a esta prima en no sé qué grado por el lado paterno que tengo por acá se le ocurrió casarse convirtiéndose en alguien un "poco" famosa, o sea, en Princesa de Asturias y futura Reina de España. Cosa poca.
Hoy en la universidad de tanto pensar y darle vueltas a este tema se me han puesto los ojos brillantes y casi me pongo a llorar ahí mismo, delante de mis compañeros de clases. Me levanté del grupo y me fui a sentar al fondo del aula silenciosamente, pero al mirar hacia adelante vi que varios lo notaron y se volteaban con expresión de pregunta.
Y es que madre soltera no es un estado civil sino que un estado social. Madre soltera no es aquella que no se ha casado antes de tener hijos, sino que en una cultura donde prácticamente la mitad de los nacimientos son fuera del matrimonio (especialmente en Chile), ser madre soltera realmente significa ser madre sola, sin pareja de ningún tipo, sin un progenitor que proclame y demuestre su orgullo cual Príncipe Felipe de Borbón, o que por lo menos se responsabilice por algo que hizo sin que nadie lo obligara.
A la mierda con el apoyo familiar y de los amigos. No estoy para ser polite en estos momentos y aunque suene duro, en el momento de los que hubo este tipo de apoyo no es el que se busca realmente. Para qué vamos a ser hipócritas. Los amigos y conocidos generalmente preguntan por el embarazo por cortesía, porque es obvio que es lo primero que hay que hacer, aunque realmente no les importe un pepino. Seguramente querrán saber cómo están los progenitores pero realmente no les interesa el no-nato. La familia me imagino que sí se preocupa por el vástago, por el ser que preservará el apellido y prolongará la existencia de genes relacionados por la tierra. Pero nuevamente el interés va primero por los padres y como consecuencia de eso por el hijo/a. Estos tipos de apoyo ayudan a continuar, sobre todo en casos como el de madres solas. Ayuda a no quedarse acostada llorando sin ganas de hacer nada. Envalentonan, por decirlo de alguna manera. Pero lo que realmente se necesita es el saber que para otra persona esto es igual de trascendental que para uno mismo. No puedo creer que existan personas que hagan caso omiso al hecho de que de un XX o XY, exactamente el 50% es propio!!
Estoy cansada de que me digan que soy tan valiente porque en realidad no lo soy. Qué hay de grande en aceptar que se metió la pata, seguir haciendo lo que hay que hacer, partir a donde se tiene que partir y seguir dándole no más, sin derecho a pataleo porque no hay otra alternativa? Nadie me iba a financiar vacaciones permanentes, nadie se va a hacer cargo de mis responsabilidades, nadie me va a decir "olvídate de lo que pasó y haz tu vida como lo soñaste que nosotros nos encargamos del cagazo". Porque si quiero comer me las tengo que arreglar no más. Sobre todo si tengo ahora que además alimentar a otro. Valiente habría sido tomar esta opción teniendo la posibilidad de hacer otra cosa más cómoda, pero no es el caso.
Tampoco soy valiente por haberme venido a otro país estando el padre de Agus en Chile, tan lejos. Es que el abandono y la falta de figuras masculinas en mi vida no me parece nada anormal. Mi abuelo se fue de la casa antes de que yo naciera, mi papá nos abandonó antes de que me diera cuenta, todos mis novios me han dejado por otra relación... acaso debía esperar que ahora fuera distinto?? Anormal sería que Ignacio hubiera aperrado y las cosas hubieran resultado como en las películas y se hubiera dado cuenta de que soy la mujer de su vida y que su hijo/a es lo más importante y sufriera tanto por nuestra distancia que mandaría a la punta del cerro todo y se vendría a Europa, y postularía a una beca en Inglaterra como su hermano y nos llevaría a vivir con él.
Trato de hacer como que nada pasa pero ya no puedo hacer la vista gorda. No hay nada concreto que me indique que las cosas mejorarán. Ya no quiero más incertidumbre, quiero algo palpable. No un trabajo con "posible" contrato temporal, no una posible recontratación en enero del próximo año, no un dinero ahorrado que tal vez me alcance, no una práctica que aún no sé si pueda hacer, no un Magíster que no es seguro que pueda obtener si no hago la práctica a tiempo, no un novio que tal vez pueda encontrar en unos años más, cuando conozca gente, cuando haya nacido Agus y esté lo suficientemente grande como para no ahuyentar prospectos, cuando baje de peso, tenga vida social y la que espante no sea yo.
Además extraño sentir cariño. Soy absolutamente de tacto... cuando chica era mi Güita, al crecer fueron los novios (sobre todo Iván, a quien he recordado mucho últimamente y supongo que eso es que lo extraño mucho, a pesar de mi voluntad y de toda lógica), hace unos años era Ross y luego fue Antonio hasta el momento en que me vine y se acabaron los cariños desinteresados. Me encantaba llegar a casa y sentirme protegida, no porque tuviera un techo sobre la testa sino porque podía acurrucarme en su(s) cama(s) y me abrazarían y me harían cariño y no dejarían que nadie me hiciera nada y me harían sentir la reina de la casa, la joyita, el tesoro invaluable. Ahora Ross y Antonio están lejos, en Kiwiland y Shile respectivamente, y me siguen diciendo lo valiosa y maravillosa que me consideran pero no es lo mismo si no lo siento en un abrazo suyo.
Y mientras más trato de hacer la vista gorda a todo esto más se mueve Agus. Y a medida que me presiona las vísceras siento una pena enorme, una angustia indescriptible y es como un pequeño mendigo que te habla en la calle y sigues caminando como si no lo escucharas pero te tironea de la ropa y te debes detener y enfrentarlo, asumir que existe. Sabes que está ahí porque se encarga de recordártelo cada vez que logras pensar en algo otro y olvidarte de la pena.
Trato de pensar en que no debo sentirme culpable por sentirme así, que es natural, que las hormonas, blah blah... pura teoría, pero en la práctica me angustio porque no quiero que Agus se sienta culpable y me imagino que termino empeorando la situación, como si a través d ela placenta le transmitiera puras malas vibras que lo/a van intoxicando.
Volver?? Cambiaría en algo la situación?? Laboralmente sería la misma o incluso peor. E Ignacio tiene las cosas fáciles estando nosotros/as aquí, lejos. Su responsabilidad es menor ahora, mínima. Pero si estuviéramos en Santiago me imagino que se alejaría más pues se sentiría amenazado. Acaso cree que me voy a meter en su casa con la guagua colgando y le reclamaré la paternidad haciendo escándalo y provocando un ataque cardíaco a su madre? O que iré al restaurante de su papá a pedir pensión alimenticia? O que me apareceré por su oficina, saludando a todos sus compañeros de trabajo (ex compañeros míos) diciendo el nombre completo del bebé, con nombre y apellido para que se enteren de que el galán de marketing dejó embarazada a la ejecutiva estrella, porque lamentablemente para él su apellido es bastante poco común?? Si supiera que lo único que pido es un poco de cariño, de preocupación de su parte, una llamada, un mail, un comentario sobre lo ansioso que está por conocer a Agus... Pero si no está no es porque no puede sino porque no quiere.
Mmmmhh... volver... sin los beneficios "comunitarios" pero más cerca de lo conocido. Lo uno por lo otro. Pero estoy muy cansada como para rendirme porque eso significa comenzar otra vez y es precisamente lo que no quiero.
A estas alturas ya debería hablarle, cantarle para que se acostumbre a mi voz. Pero no puedo. Cada vez que intento hacerlo me escucho y no me gusta como sueno, hueca, forzada. Y es que esto se supone que había que cantarlo a dúo...
xxx